Mostrando entradas con la etiqueta ECOS DE AHÍ ADENTRO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ECOS DE AHÍ ADENTRO. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de agosto de 2012

ECOS DE AHÍ ADENTRO



Musa en trance acústico.


Tanto tiempo te vi recostada en un rincón,
como olvidada por vergüenza,
y aunque pocas veces quise arrancar
ésas me traicionó la urgencia.
Tantas veces me encandilaste
con la quimera de serpientes venenosas,
que fue mi culpa sólo encontrar
al sin sentido envuelto en temor.
Ni en tu desnudez de mi habitación
fui capaz de tocarte,
falsa candidez disfrazando la tensión
de mi emocionalidad indiferente.
Siempre pregunté cómo pude ser tan cruel,
aun en la complicidad de tu silencio,
y si hubiera podido responder
no habría sido mejor que tus acordes.
Para peor la soledad te fue afeando,
destiñó tu colorado, te oxidó la piel y malgastó tus curvas,
sin embargo mi deseo no exigió colores
ni se permitió discriminar texturas.
Por eso no cesé en rogar a tu dios
me conceda volverte abrazar,
y mi fe en clave de sol soberbia garpó
que hay viernes mejor a los demás.
Así mis manos reeditaron su corrupción en tu cintura
 y con esa fricción zapamos las más lindas melodías,
lo más parecido al amor entre la oscura multitud,
que incrédula de los dos, 
jamás nos imaginó en distintas partituras.
Soy tan feliz con vos que hasta parece ilusión
creerte tan cuerda por nunca decir que no.
Hagamos de vuelta el amor
que hoy no se me ocurre mejor canción.

"Musas", Jean Pierre Alaux.

sábado, 26 de mayo de 2012

ECOS DE AHÍ ADENTRO

Historia del desamor con Clementina. (PARTE 2)


¡Qué lástima Clementina que ya no nos entendamos más!
Estos meses de encantos y desencantos
fueron demasiado frenesí para un corazón anestesiado.
Aunque no nos vamos a mentir,
encantos hubo siempre, todos lo notaron!
¡Vos también!, y no me vengas con obviedades,
lo notaron los de palo,
y aun yo cuando sentía tu mano.
Desencantos también los hubo siempre,
pero antes procurabas alternarlos con algún mimo
que irrumpiera tus silencios desorientadores.


Qué pena Clementina que no sepas que también tengo un corazón
que a la intemperie llueve tanto
como este valle en la última estación.
¿Será que siempre vamos a ser iguales?
Yo queriéndote y vos indiferente,
yo cambiando y vos diferente.


Creo que es tiempo de parar,
es que, aunque te empeñes en oscurecerlo,
lo único que está claro
es que lo que en mí está mal en vos está bien;
y si bien cada vez que tuve certezas
me encargué de equivocarme,
siempre obviaste mi angustia por no tener tus certezas.
Demasiado para este mundo que nos toca,
y por más que a algunos locos
le parezca esto interesante de observar,
a mí me pone verdaderamente triste.
Loco y todo este mundo nos dio una oportunidad,
que el nuestro se encargó de desperdiciar.
Vos llegabas cuando agonizaba mi soledad
y ni así me pudiste rescatar.
A mí me bastaba con hablar de verdad,
pero mi desidia siempre puede más.


Hoy mi ego explota en ira
al ver cómo ríe irónicamente tu corazón,
ése al que entre tanto grito no quise escuchar.
Justo a él, que tenía razón,
y cuánta razón Clementina!
Aceptar tu egoísmo hubiese sido menos dolor...


Ya no suena música desde mi auricular,
 sólo el estertor, como eco,
de un corazón que otra vez murió.


sábado, 19 de mayo de 2012

ECOS DE AHÍ ADENTRO


Historia del desamor con Clementina. (PARTE 1)


Tus ganas de cortar con tanto disfraz fueron la excusa para acercarnos,
me presentaste una oportunidad y fue así como nos empezamos;
pensar que tiempo atrás era yo quien me imaginaba hablando.
El perfume importado nubló nuestra histeria
 y aunque habíamos exagerado los tragos,
pactamos no creernos sino hasta mañana.
Y a pesar que mis mañanas suelen ser peores,
aquel mañana empezamos por ponernos de acuerdo
y prometimos que era obvio lo de ayer.
Pero mis promesas nunca fueron perfectas,
a veces exagero en coquetear y no soy bueno para regalar,
aunque me sobren ideas.


Después de viajar, volver siempre es gris
 y cuando no voy con vos, pero vos vas, es aun peor;
tanto como cuando no querés contestar.
Deberías saber que tanta retórica no deja espacio a amor,
menos hoy que afuera está difícil y con vos me producía ilusión;
aunque tu quiromántica diga que conmigo no.
Parece que nuestros momentos no son los mismos amor,
cuando te escucho me veo, y aunque quiera cambiarte de opinión,
seguramente los dos seguimos pensando igual.
¿Alguien irá a entender
si nos gustamos pero no ejercemos?
¿Cuándo iremos a parar?


Una vez me dijiste que todo cambia, que no soy bueno en sacar conclusiones,
yo también creo que no lo soy,
es que tampoco vos te esmeraste en dármelas.
Es por esto que duele volver sin comprender si no podés o no querés,
sin saber a dónde ir si todo está igual o peor que siempre.
Por lo menos permitime creer que una vez me apuntaste a los labios y me quisiste abrazar.

"Eternal sunshine of the spotless mind"

sábado, 12 de mayo de 2012

ECOS DE AHÍ ADENTRO





SOLEDAD ENTRE NOSOTROS


Al fin solos otra vez los dos,
te parecerá absurdo
pero así me siento mejor.
Aunque hubo tiempo de excusas
sólo para llegar cansado a vos,
ahora no veo las horas para que volvamos a estar.
Aún así, me está costando disimular
que durante el día vivo entre gritos y dolor
y me da vergüenza que los tengas que aguantar.
Es que con los demás la cosa se está poniendo peor,
y aunque no seas culpable de esta soledad,
bien sabes que sin los dos no habría más.
Tampoco voy a mentir,
si ahora es mi novedad sentir
soy el primer responsable de mi debilidad.
Lo malo es no querer ver la solución,
para vos está lejos, y puede que así sea,
pero sin luz aquí adentro jamás vamos a verla.
Estoy llegando a extremos desconocidos esta vez,
me resulta fácil frustrarme ante cada desamor
y distingo cuantas veces se inflama el corazón.
A veces duele más de la cuenta,
y no calma hasta exprimir mis pupilas,
acto seguido se resiente, y por ahí ni sed de revancha tiene.
Siquiera comer, dormir, soñar trajera sosiego
a este ruido existencial,
es sólo negarlo un instante para que vuelva a distorsionar.
Habrá que apelar a la receta espiritual,
aunque para ser sincero,
la rutina de pastillas me estaba empezando a gustar.
Pero será otra vez mañana,
porque sabes que acostumbro mentirme
con promesas que no voy a cumplir;
y mientras vos estés de mi lado,
casi seguro que vamos a seguir esperando
que nos vengan a rescatar.


"El Grito", Edvard Munch