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lunes, 30 de julio de 2012

Catenaccio Campeón


Que la vida resulta una caja de pandoras no hay dudas. Ahora bien, mientras los más ¿miedosos, cómodos, aburridos, tradicionales o impacientes (tal vez)? prefieren no dejar que entre en ella nada que quede librado al azar, sino irla organizando a su manera; otros elegimos ni siquiera espiarla para que nos vaya sorprendiendo con lo que tenga y con lo que tenemos ganas de que tenga. Tan así es la cuestión que jamás hubiese imaginado que después de 25 largos pirulos, en el lapso de un año y algunas semanas pueda haber vivido el cachetazo más fuerte y la caricia más linda, el día más triste y el día más feliz de mi existencia, y menos que ambos tuvieran que ver con el fútbol. Y no por haber sido protagonista indirecto del primero dejó de ser doloroso hasta las lágrimas, (por lo mismo no me creo capaz de siquiera imaginar lo que fue para los protagonistas directos). Sin embargo, con esa misma intensidad emocional, pero inversamente proporcional a semejante dolor, y radiante de las mejores energías que soy capaz de dar, es que todavía extasiado voy a intentar describir cómo se siente sentirse Campeón.

Tengo la gracia de haberme creído siempre capaz de, teniendo una vocación más o menos clara y voluntad, lograr finalizar mis estudios, como también la de, siendo perseverante, auténtico e inconformista, conseguir desenvolverme en los ámbitos que me movilizan, donde me siento a gusto y sé que puedo producir. Sin embargo, conseguir un campeonato de fútbol (deporte al que amo apasionadamente, por el que he dejado de lado otras cuestiones objetivamente importantes, que me hace olvidar que tengo exámenes, dolor de cabeza y problemas emocionales, que hasta me ha generado más ilusión que las personas), es algo que depende de un equipo entero y que está sujeto a miles de circunstancias por causa de las cuales uno no puede tener la plena certeza de que lo pueda realizar. Por todo ello y por todo lo que ni yo ni nadie podrá explicar, siento que haber tenido el lujo de consagrarnos campeones con un grupo de amigos que comparte las dos mismas pasiones: la amistad y el fútbol, me convierte definitivamente en un privilegiado en esta existencia, que descree que ahora mismo pueda ser más feliz, y en un soñador, que cree que cosas buenas siempre pueden llegar.

¿Y por qué salimos campeones? Por eso, porque nadie más que nosotros sabe cuánto lo soñamos, porque nadie se imaginaba más que nosotros festejando; porque era imposible que algo malo pase, no en nuestro sueños. Somos campeones porque siempre lo quisimos.

Una semana atrás festejábamos el día del amigo: eufóricos, punteros y a una fecha del final. A partir de ahora ya nunca borraremos de la memoria de nuestros sentidos y del corazón que el 28 de julio festejamos la Amistad Campeona. No creo que la vida acepte otra combinación de palabras que quede tan perfecta.

Lo mejor de todo es que todavía hay tiempo, fe y ganas para soñar que cosas mejores pueden suceder; "cada jugada que sueño se hace realidad".

Brindo por todos nosotros: por los que nos empezaron a incluir, por los que nos siguieron, por los que se fueron sumando, por los que por circunstancias ajenas quedaron afuera (solamente de la lista de papel), por los que nos dieron una mano, por los que nos alentaron, por todos los que somos tan felices de sentirnos CAMPEONES. ¡Salud Campeón!

¡¡¡Dale dale Catenaccio, dale daaaaale Caaaaatenaaaaccio, dale dale Catenaccio!!!
¡el Grito Sagrado!

sábado, 21 de julio de 2012

20 de Julio - Día del Amigo


Vamos a hablar un poco en particular porque el tema y la fecha lo ameritan.
Esta edad crítica intermedia entre el fin de la vida (juvenil) de estudiante y el comienzo de la vida (adulta) de trabajador, es sin lugar a dudas altamente conflictiva y me ha producido notorios altibajos en el ánimo que llevaron a replantearme diversas cuestiones referidas a la personalidad que he construido a lo largo de mis años.
Nadie está exento del cimbronazo que produce el día después de la recibida. ¿Y ahora qué? nos preguntamos. Y difícilmente podamos respondernos, porque son pocas las ocasiones en las que sabemos realmente qué queremos (dichosos aquéllos). Y por más que nos adviertan que lo que sigue no es fácil para nadie (sino todo lo contrario) y que hay que armarse de paciencia, la verdad es que cuesta racionalizarlo y nos es cotidiano llegar a puntos extremos de desazón por las dificultades que debemos enfrentar para ingresar al sistema de la vida adulta.
En esas condiciones, casi cegados por el desánimo, es imposible que veamos la vida color de rosa, pues cada evento desagradable hiere profundamente nuestra moral (que ya está para el cachetazo), e incluso muchas veces también nuestro orgullo, sumergiéndonos en un estado de depresión difícil de entender y de explicar.
En esas condiciones de malestar, es fácil confundir causalidades con casualidades y por ende no somos capaces de distinguir el origen del problema. Ahí es donde vengo a contar esta postura personal que considero la fuente de los desánimos que me dificultan asumir la adultez.
Primordialmente hay que distinguir los lutos: el literal y más evidente, claro está, referido a la pérdida de seres queridos. Es siempre doloroso pero, a veces más preparado y otras ni tanto, lo cierto es que siempre soy capaz de superarlo en más o menos tiempo y seguir con mi vida asumiendo la ausencia física y espiritual del que ya no está. Otro, el luto post fin de una relación que me hacía ilusión. Primeramente duele, cuesta desacostumbrarse a una vida de a dos, expone nuevamente debilidades individuales y hasta miserias, pero al fin y al cabo el mundo está lleno de gente maravillosa que espera y espero por conocer.
Pero si a luto se refiere, hay uno por excelencia con el que sé que debo convivir por el resto de mi vida, y eso no me hace ninguna gracia, porque en éste no hay ausencia física/espiritual definitiva (todo lo contrario), ni relación que se rompa, nada de eso, sino que por circunstancias ajenas a nuestros ilusorios deseos de eterna juventud, y relacionadas con la vida misma (eso que mirábamos de pibes y que pensábamos que nunca nos tocaría asumir), cada uno de mis amigos comienza a desandar su camino: laboral, familiar, de vida en general, que hace que aunque con lo más de nuestras ganas queramos vernos de lunes a domingo: para jugar a la pelota, ir a la pileta, jugar a la play, salir a tomar una birra, juntarnos a tocar la viola, salir de caravana, ver un partido, pegar un viaje, ir a pescar, juntarnos a comer un asado, encarar minitas, y los diez mil etcéteras que se nos puedan ocurrir (porque con ellos hasta una pocilga abandona, con alto yuyaral, sin piso y sin luz, garpa!), ello se torne no menos que difícil puesto que cada uno ahora se encuentra inmerso en determinadas circunstancias, que a la vez que nos hacen profundamente felices: una novia copada, un laburo serio, hijos, la vida en otro lugar, que inevitablemente nos roban una parte del alma, porque nunca va a estar completa sin todos.
¿Cómo no ser emocional si soy capaz de racionalizar esta nueva etapa? Ahí está la clave: no voy a poder combatirla, no admite solución, voy a tener que convivir con ella, entonces lo mejor es asumirla con el mismo amor de siempre por ese hermano del alma que tomó su rumbo, por más que cuesta verlo (porque acá no murió nadie), y mucho más hablarlo (porque acá no hay nada que terminar).
Es un desafío aceptar que ahora no sea tan fácil hacer lo que solías hacer con ese amigo que está a un mensaje de tu complicidad, pero paradójicamente ello es consecuencia de todo por lo que vos y yo soñamos y luchamos a la par durante estos años: encontrarnos con el amor, trabajar en lo que nos apasiona, vivir donde nos sentimos plenos.
Por todo ello, alegra que todos los años haya un 20 de julio (la resurrección!), año nuevo en el calendario de los códigos, carnaval de la amistad, el mejor día del año, el día para volver a las bases y que seamos nosotros por una vez más.
Y ese ritual que comenzó hace 8 años sabe de su magnificencia y de la energía que provoca, por eso espera por llamadas de larga distancia, fuegos artificiales, narguiles turbios, trapos adivinos, licuadoras locas, catering, danzas agitadas y shows psicodélicos,  por esa noche de lágrimas de risa y de “pasé mi límite”, en la que volvemos a soñar lo mismo y nos atrevemos a decirnos a la cara: vagos los amo.

Mientras esté insoportablemente vivo voy a estar contando los días para un nuevo 20 de julio.
Así fue como crecimos y como elegimos crecer. Y si volviera a nacer pondría la condición de que estén todos ustedes. Porque sin ustedes NO GARPA NADA!
Dejo el salud para dentro de un rato, cuando brindemos por la ilusión y por una nueva edición.


“Después de pensar mucho las cosas me di cuenta de que estaba equivocado, creo que las personas que necesito en mi vida y que más admiro son tipos. No sé si por esto soy homosexual o no, pero en el podio de mi vida desde hoy en más ocupás el primer lugar, el segundo lo tiene Ortega y el tercero el Negro Dolina.
Sabelo, sos el ídolo más grande que tengo y la persona más influyente en mi vida. (…) Yo en Dios mucha fe no tenía, pero esta noche me di cuenta de que existe, es amigo mío y le dicen pibe paco.” (Un amigo poeta de madrugada).


Lágrimas, risas y piel de gallina.
¡¡Gracias por otro año. Son lo mejor que tengo!!



Trapo del año pasado - "Hoy garpa", había escrito un tal Topín ..